Células cerebrales desorganizadas ayudan a entender las claves del autismo


imagesDurante el segundo y tercer trimestre de embarazo, la capa externa del cerebro del embrión, la corteza, reúne en sí en seis capas distintas. Pero en el autismo, según una nueva investigación, esta organización no existe, estropeando partes del cerebro asociadas con habilidades a menudo relacionadas con problemas en el trastorno, como las habilidades sociales y el desarrollo del lenguaje.

Eric Courchesne, director del Centro de Excelencia para el Autismo de la Universidad de California, San Diego, y sus colegas descubrieron este paso en falso en el desarrollo en un pequeño estudio que comparó 11 cerebros de niños con autismo que murieron en edades que iban desde los dos a los quince años, en 11 cerebros de niños que murieron sin ser diagnosticados. El estudio empleó una técnica genética sofisticada que busca firmas de actividad en 25 genes en porciones de cerebro tomadas de la parte frontal del cerebro; de una zona llamada corteza prefrontal, así como de la corteza occipital, en la parte posterior del cerebro y de la corteza temporal, cerca del área denominada templo.

Los investigadores encontraron parches desorganizadas, más o menos de un cuarto de pulgada de anchura, en el que la expresión génica en células no estaba donde se suponía que debía estar, en medio de los pliegues del tejido en la corteza prefrontal, en 10 de 11 cerebros de los niños con autismo. Esa parte del cerebro se asocia con la comunicación de orden superior e interacciones sociales. El equipo también encontró parches desordenados en las cortezas temporales de los cerebros autistas, pero ningún desorden en la parte posterior del cerebro, que también coincide con los perfiles típicos de los síntomas. Los parches aparecieron en lugares aparentemente al azar dentro de la corteza frontal y temporal, lo que pueden ayudar a explicar porqué los síntomas pueden diferir drásticamente entre  individuos, dice Rich Stoner, durante el estudio en la Universidad de California San Diego y el primer autor del artículo que apareció en el  New England Journal of Medicine.

Investigaciones anteriores de Courchesne habían demostrado que los cerebros de los niños con autismo tienen más neuronas en la corteza prefrontal, así como una señalización genética defectuosa en esta región. La ausencia de marcadores de células que deberían haberse formado en el segundo y tercer trimestre sugiere un marco de tiempo para el desarrollo de errores y para unas actuaciones de prevención.

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