El deshielo responsable de la última gran glaciación de la Tierra


Durante más de 30 años, los científicos climáticos han debatido si las aguas procedentes del deshielo de la capa de hielo Laurentide, que marcaron el comienzo del último gran episodio frío en la Tierra hace 12.900 años aproximadamente, fluyeron al noroeste en el Ártico primero, o al este por el Golfo de San Lorenzo, para debilitar la circulación termohalina del océano y si eso tuvo un efecto glacial sobre el clima global.

Ahora el geocientífico de la Universidad de Massachusetts Amherst, AlanCondron junto a Peter Winsor de la Universidad de Alaska, han utilizando nuevos modelos de alta resolución de circulación global del océano, e informan de la primera evidencia concluyente de que este flujo debió de haber fluido hacia el norte en un principio, hacia el Ártico por el valle del río Mackenzie. También muestran que si hubiera fluido hacia el este al valle del río San Lorenzo, el clima de la Tierra se habría mantenido relativamente sin cambios.
“Este episodio fue la última vez que la Tierra experimentó un enfriamiento mayor, por lo que comprender exactamente lo que lo causó  es muy importante para entender cómo nuestro moderno clima podría cambiar en el futuro”, dice Condron del Centro de Investigación de Sistemas Climáticos de la Universidad de Massachusetts Amherst. Los hallazgos aparecen en la edición actual de Proceedings of the National Academy of Sciences.
Eventos previos al fuerte enfriamiento climático  conocido como Younger Dryas, o más familiarmente como el “Big Freeze” (Gran Helada), se desarrolló después de que el glacial del lago Agassiz, en el extremo sur de la capa de hielo Laurentino que cubre la bahía de Hudson y gran parte del Ártico canadiense , catastróficamente rompió un dique de hielo y rápidamente verió miles de kilómetros cúbicos de agua dulce en el océano.
Esta afluencia masiva de agua fría  inyectada en la superficie del océano se supone que habría detenido el hundimiento de agua salada, densa y más fría en el Atlántico Norte que impulsa la circulación oceánica a gran escala, la circulación termohalina, que transporta el calor hacia Europa y América del Norte. El debilitamiento de esta circulación causado por la inundación tuvo como resultado el enfriamiento dramático de América del Norte y Europa.
Usando un modelo de circulación de alta resolución global océano-hielo de 10 a 20 veces más potente de lo que se pueda lograr, Condron y Winsor estudiaron como el agua del deshielo de dos salidas de drenaje diferentes fue llevado a las regiones de hundimiento en el Atlántico Norte. Encontraron que la hipótesis original propuesta en 1989 por Wally Broecker de la Universidad de Columbia que sugiere que los vertidos del Lago Aggasiz en el Atlántico Norte por el río St. Lawrence habrían debilitado la circulación termohalina en menos del 15 por ciento.
Condron y Winsor aseguran que este nivel de debilitamiento es poco probable para el evento climático de frío de 1.000 años que siguió a la inundación del agua del deshielo. El agua de deshielo del río St. Lawrence en realidad termina casi 3.000 km al sur de las regiones de formación de aguas profundas, demasiado al sur para tener un impacto significativo sobre el hundimiento de las aguas superficiales, lo que explica por qué el impacto en la circulación termohalina es tan pequeño.
Por el contrario, el modelo de Condron y Winsor muestra que cuando el agua de deshielo desemboca primero en el Océano Ártico, corrientes en el borde costero  pueden otorgar a las regiones de formación de aguas profundas del Atlántico sub-polar norte, un debilitamiento en la circulación termohalina de más del 30 por ciento. Llegan así a la conclusión de que este escenario, que muestra el deshielo  por primera vez en el Ártico, en lugar de por el valle de San Lorenzo, es “más probable que haya provocado el enfriamiento Younger Dryas”
El modelo de Condron y Windor funciona en uno de los superordenadores más importantes del mundo localizado en el Centro de Investigación de Energía Nacional de Ciencias de la Computación en Berkeley, California. Los autores dicen que “con esta modelización de mayor resolución, nuestra capacidad para captar corrientes estrechas en el océano mejora considerablemente nuestra comprensión del lugar del agua dulce. “
Condron añade: “Los resultados que obtenemos son sólo posibles mediante el uso de un poder mucho mayor en computación, disponible con un equipo más rápido. Los modelos más antiguos no eran lo suficientemente potentes como para modelar las diferentes vías porque contenían muy pocos puntos de datos para capturar a menor escala, lo rápido que se mueven las corrientes costeras.”
“Nuestros resultados son especialmente importantes para modelar la forma del deshielo en Groenlandia y la Antártida ahora y en el futuro. Se desprende de nuestros resultados que los científicos climáticos están introduciendo artificialmente agua dulce en sus modelos en grandes partes del océano dónde nunca habría llegado. Además, nuestro trabajo apunta a que el Ártico es un agente principal en el cambio climático. Esto es especialmente relevante teniendo en cuenta los rápidos cambios que han estado ocurriendo en esta región en los últimos 10 años “.
Autor: Janet Lathrop
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