Evidencias de agua líquida bajo la superficie de Europa


 
Los datos de una misión planetaria de la NASA han proporcionado pruebas a los científicos de lo que parece ser una bolsa de agua líquida,  equivalente en volumen a los Grandes Lagos de Norteamérica, bajo la superficie helada de la luna de Júpiter, Europa. 
Los datos sugieren que hay un cambio significativo entre la cubierta helada de Europa y el océano que se oculta bajo ella. Esta información podría reforzar los argumentos de que un océano subterráneo en el satélite representa un hábitat potencial para la existencia de vida. Los hallazgos aparecen publicados en la revista científica Nature
“Los datos abren algunas posibilidades convincentes”, dice Mary Voytek, directora del Programa de Astrobiología de la NASA con sede en Washington. “Sin embargo, en todo el mundo los científicos quieren ver de cerca este análisis y revisar los datos antes de que podamos apreciar las implicaciones de estos resultados.” 
La sonda espacial Galileo de la NASA, lanzada a Júpiter por el transbordador espacial Atlantis en 1989, produce numerosos descubrimientos y ha proveído a los científicos de décadas de datos para analizar. La Galileo estudió Júpiter, que, el planeta más masivo del Sistema Solar, y algunas de sus muchas lunas. 
 
Uno de sus descubrimientos más importantes hizo llegar a la conclusión de la existencia de un océano de agua salada global bajo de la superficie de Europa. Este océano es lo suficientemente profundo para cubrir toda la superficie de la luna y contiene más agua líquida que todos los océanos de la Tierra juntos. Sin embargo, al estar lejos del Sol, la superficie del océano está completamente congelada. La mayoría de los científicos creen que esta capa de hielo es de decenas de kilómetros de espesor. 
 
“Una de las opiniones de la comunidad científica es si la capa de hielo fuera muy gruesa, es malo para la vida. Eso podría significar que no hay comunicación entre la superficie y el fondo del mar”, dijo Britney Schmidt, autora principal del estudio y becaria postdoctoral del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas en Austin. “Ahora, vemos evidencias de que se trata de una capa de hielo gruesa y nuevas pruebas de la existencia de el gigante de los lagos poco profundos. Esto podría hacer de Europa y su océano un lugar más habitable”. 
 
Schmidt y su equipo se centraron en las imágenes de Galileo de grietas de forma más o menos circular existentes en la superficie de Europa y llamados terrenos caóticos. Basándose en procesos similares vistos en la Tierra (en las plataformas de hielo y  glaciares en  volcanes), desarrollaron un modelo de cuatro pasos para explicar cómo se forman. El modelo resuelve varias observaciones contradictorias. Algunas parecían sugerir que la capa de hielo era gruesa, mientras que otras sugerían lo contrario.
 
Este reciente análisis  muestra que las características de los terrenos caóticos en la superficie de Europa pueden deberse a mecanismos que implican el intercambio significativo entre la capa de hielo y el lago subyacente. Esto proporcionaría un mecanismo o modelo para la transferencia de nutrientes y energía entre la superficie y el vasto océano subterráneo. Lo que se cree que aumentaría el potencial para la vida. 
 
Los autores del estudio tienen buenas razones para creer que su modelo es correcto, basado en observaciones en Europa y en la Tierra. Sin embargo, debido a los lagos están varios kilómetros bajo la superficie, la única confirmación real de su presencia provendrá  de una futura misión de una nave diseñada especialmente para explorar la capa de hielo. Dicha misión fue calificada como la segunda en prioridad por el National Research Council’s recent Planetary Science Decadal Survey y  está siendo estudiado por la NASA.
 
“Esta nueva comprensión de los procesos en Europa no habría sido posible sin la base de observaciones de los últimos 20 años de capas de hielo de la Tierra”, dijo Don Blankenship,  co-autor y científico de investigación senior en el Instituto de Geofísica, donde dirige  estudios de radar de las capas de hielo del planeta. 
 
Galileo fue la primera sonda espacial en medir directamente la atmósfera de Júpiter y realizar observaciones a largo plazo del sistema joviano. La sonda fue también la primera en sobrevolar un asteroide y descubrir una luna en él. La NASA alargó hasta en tres ocasiones la duración de la misión para aprovechar las capacidades únicas de la Galileo, y la puso en rumbo de colisión con la atmósfera de Júpiter en septiembre de 2003, para eliminar cualquier posibilidad de incidir en Europa. 
 
La misión Galileo fue dirigida por el Laboratorio de Propulsión a Chorro en Pasadena, California, perteneciente a  la Dirección de Misiones Científicas de la agencia. Para imágenes y animación de vídeo de los resultados, visite la página de la Universidad de Texas
 
  
 
 
 
 
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