Marihuana terapéutica: Más que un colocón


El uso terapéutico del cannabis ha cobrado impulso propio en las últimas décadas, y estudios científicos para medir los beneficios de cannabis y sus derivados con fines médicos están en la vanguardia de sus campos. Pero para algunos sectores, el asunto ha ido demasiado rápido y ciertas voces críticas tratan de dilucidar si se trata de tan sólo un ardid para liberar el acceso a una droga recreativa.

Pero mientras que el movimiento que aboga por el uso de la marihuana con fines médicos y sus detractores, han formado un gran revuelo mediático, los investigadores han permanecido en silencio,  probando los efectos que el cannabis y sus derivados tienen en distintas enfermedades. La prensa científica está saturada de estudios que hablan sobre usos potenciales del cannabis que, se extienden más allá de sus capacidades conocidas para contrarrestar las náuseas o combatir el dolor en personas con cáncer o SIDA. Los derivados del cannabis pueden luchar contra la esclerosis múltiple, la enfermedad de Crohn y otras enfermedades inflamatorias. Incluso, según una investigación reciente, el cannabis sería un buen aliado contra ciertos tumores cancerosos.

Gran parte de  la comunidad científica se posiciona a favor de su uso, pero no siempre  ha  sido así. El farmacólogo Roger Pertwee, de la Universidad de Aberdeen en Escocia, recuerda asistir  a conferencias científicas hace 30 años, deseoso de presentar sus últimos descubrimientos sobre los efectos terapéuticos del cannabis y ver lo complicado que la idea resultaba para algunos.

“Nuestras conferencias se programaban al final del día, y no había demasiada publicidad sobre ellas,” dice. “Hoy, todo eso ha cambiado.”

La larga marcha hacia la credibilidad en la investigación en marihuana se ha basado en la biología molecular. Fumar o consumir marihuana tiene un historial médico que se remonta miles de años atrás. Sin embargo, el componente de esta planta que induce euforia, el delta9-tetrahidrocannabinol, o THC, no fue aislado hasta 1964 por el bioquímico Rafael Mechoulam, del Instituto Científico Weizmann en Rehovot, Israel, y sus colegas. Dos décadas después, otros investigadores consiguieron desarrollar THC sintético para uso en forma de píldoras.

Los secretos de cómo el THC actuaba en el cuerpo permaneció oculto hasta finales de 1980, cuando investigadores que trabajaban con ratas descubrieron que el compuesto se une a una proteína que aparece en la superficie de las células nerviosas. Otras pruebas demostraron que el THC también se enlaza con otra proteína que se encuentra en otras partes del cuerpo. A estas proteínas receptoras se las denominó CB1 y CB2.

Una revelación más grande vino en 1992, cuando se descubrió que ciertos mamíferos podían generar su propio compuesto químico que emulaba los efectos de los componentes psicoactivos del cannabis. Los científicos denominaron al compuesto anandamida. Los investigadores pronto encontraron una contrapartida natural a este compuesto relacionado con  los receptores CB2. El cuerpo crea estos compuestos, llamados cannabinoides.

“Aquel descubrimiento hizo ganar peso a la idea del uso del cannabis en medicina”, dice Mechoulam, ahora en la Universidad Hebrea de Jerusalén, que junto con Pertwee y otros fueron los descubridores de la  anandamida. “El THC imita los efectos de estos compuestos en nuestros cuerpos”, dice Mechoulam. Aunque los receptores son abundantes, la anandamida y otros cannabinoides son compuestos que actúan a corto plazo, por lo que sus efectos son pasajeros.

Por el contrario, cuando una persona consume cannabis, el THC se une a las moléculas de miles de receptores CB1 y CB2, haciendo que sus  efectos sean más duraderos. La unión provoca tantos cambios internos que, décadas después del descubrimiento de los receptores, los científicos todavía están estudiando sus efectos. Desde un punto de vista biológico, fumar marihuana con fines recreativos es como poner en marcha el coche sólo para escuchar la radio.

“Aunque el efecto psicoactivo de THC  ha frenado la aprobación de medicamentos basados en el cannabis, también puede haber traído otros beneficios fortuitos”, dice el neurólogo Ethan Russo, asesor médico de GW Pharmaceuticals, que tiene su sede en Porton Down, Inglaterra.

Hoy fumar cannabis como parte del tratamiento de ciertas enfermedades y está autorizado en 14 estados de EE.UU., Canadá, Holanda e Israel, entre otros lugares.

La gente fuma la droga para aliviar el dolor, conciliar el sueño con mayor facilidad y tratar las náuseas, falta de apetito y trastornos del ánimo como la ansiedad, el estrés y la depresión. Los pacientes que no quieren fumar cannabis puede optar por cápsulas aprobadas por la FDA que contienen compuestos de cannabis para el tratamiento de algunos de estos mismos problemas.

Recientes investigaciones sugieren que la esclerosis múltiple podría unirse a la creciente lista de enfermedades tratadas con cannabis. Más de una docena de ensayos médicos en la última década han demostrado que los tratamientos con THC (y algunos que combinan THC con otro derivado llamado cannabidiol, o CDB), no sólo alivian el dolor en pacientes con esta enfermedad, sino también ciertos problemas asociados a la esclerosis. Esta enfermedad daña la capa de grasa que aísla los nervios en el cerebro y la médula espinal.

“Los pacientes con EM sufren dolor  en las piernas y rigidez muscular. Así como espasmos que los mantienen despiertos durante la noche”, dice John Zajicek, un neurólogo de la Universidad  de Medicina y Odontología de la península de Plymouth, Inglaterra. Los pacientes pueden tomar esteroides potentes y otros medicamentos anti-inflamatorios, pero los efectos de estos medicamentos pueden ser incompatibles.

Pertwee ha analizado 17 ensayos en los que los pacientes con EM habían recibido algún tipo de tratamiento que incluía cannabis o sus derivados. Los informes de los propios pacientes, que no sabían si estaban recibiendo cannabinoides o un placebo, muestran mejoras en la espasticidad muscular, la calidad del sueño, disminución de los temblores y una mayor sensación de bienestar y movilidad. Pertwee, quien también es consultor de GW Pharmaceuticals (fabricante de una droga cannabinoide que se administra en forma de spray, llamada Sativex) analizó las conclusiones en la revista  Neurobiología Molecular en 2007.

Sativex fue aprobado hace 5 años en Canadá para el tratamiento contra la esclerosis después de que ciertos estudios (algunos incluidos en el análisis de Pertwee) mostraran su éxito en el alivio de los síntomas de la enfermedad.

GW Pharmaceuticals espera autorización para el lanzamiento de su medicamento en Reino Unido y España este mismo año. Más tarde, la compañía planea buscar la aprobación en EE.UU. de Sativex contra el dolor oncológico.

El equipo de Zajicek también ha comparado los pacientes con EM que recibieron un placebo con pacientes que recibieron una cápsula que contiene THC o una con THC y CBD. Los dos tipos de medicamento que contenían cannabis, superaron al placebo, y los investigadores ahora están trabajando en un estudio acerca de sus efectos contra la EM que llevará varios años.

“Calmar los síntomas como la espasticidad muscular y el dolor es útil”, dice Zadijek, “pero el verdadero valor terapéutico de los cannabinoides puede superar eso”. “Para mí, lo realmente interesante es si estos medicamentos tienen un papel mucho más fundamental para cambiar el curso de la enfermedad a largo plazo”, dice. “Actualmente, no tenemos nada que realmente disminuya la progresión de esta enfermedad”.

El CDB, mismo componente de cannabis  que resultó beneficioso en este estudio, también puede trabajar para tratar otras enfermedades. Las pruebas en cultivos celulares y animales de laboratorio han revelado que el CDB combate la inflamación y mitiga los efectos psicoactivos del THC.

La enfermedad de Crohn, que puede conducir al dolor crónico, diarrea y ulceraciones, podrían ser un objetivo apropiado para el CDB. En la enfermedad de Crohn, las proteínas inflamadas dañan la pared intestinal, causando fugas que permiten que las bacterias del intestino se dispersen donde no deben. Esta expansión lleva a un círculo vicioso que puede desencadenar más inflamación.

Mediante pruebas de laboratorio en células humanas, Karen Wright, farmacóloga de la Universidad de Lancaster en Inglaterra y sus colegas,  han descubierto que el CDB inhibe la inflamación y puede revertir la permeabilidad intestinal.

El THC no parece aumentar el beneficio,  informó Wright en diciembre de 2009 durante el curso de una reunión de la Sociedad Británica farmacológico en Londres. Los resultados refuerzan las conclusiones formuladas anteriormente por el equipo de Wright, que indican que este cannabinoide podría ayudar a mejorar la cicatrización de heridas en las células intestinales.

El efecto anti-inflamatorio del CDB podría funcionar, al menos en algunos casos, a través de sus propiedades antioxidantes (la capacidad para absorber moléculas altamente reactivas denominadas radicales libres, que causan daño celular).

En el cerebro y el ojo, el CDB retarda la acción de las microglías, células inmunes que pueden fomentar la inflamación perjudicial cuando son excitadas por los radicales libres. Trabajando con ratas cuyas retinas fueron inducidas a tener inflamación, el bioquímico Gregorio Liou, de la Escuela de Medicina de Georgia en Augusta y su equipo, encontraron que el CDB neutralizaba la acción de los radicales libres, previniendo el daño en los ojos. Este hallazgo podría tener implicaciones para las personas con diabetes que sufren pérdida de visión.

Aparte de ser un  anti-inflamatorio y antioxidante, el CDB aminora el efecto psicoactivo del THC, sin eliminar sus propiedades medicinales. También combate la ansiedad ocasional e incluso la paranoia a la que el THC puede inducir. Esto ha sido una buena noticia para los científicos, que consideran el “colocón” del cannabis un lastre.

Sin embargo, el CDB ha pagado un precio para este efecto. “El CDB ha sido fundamentalmente cultivado fuera de América del Norte, en el mercado negro de drogas”, dice Russo. Tanto la gente que utiliza el cannabis de modo recreativo como los que lo hacen por su uso médicinal, ya sea para aumentar el apetito en pacientes con SIDA o para aliviar el dolor del cáncer, suelen utilizar plantas con alto contenido en THC, lo que hace que un componente valioso, como es el CDB, sea desaprovechado.

Con o sin el CDB, el cannabis podría algún día hacer algo más por pacientes con cáncer que aliviar el dolor o mitigar  las náuseas. Una nueva investigación sugiere que el THC puede ser letal para los tumores en sí mismos.

Los bioquímicos Guillermo Velasco y Manuel Guzmán de la Universidad Complutense de Madrid, han pasado más de una década ensayando con animales en el laboratorio, y sus resultados indican la posibilidad de que el THC puede tratar el cáncer de cerebro, piel y páncreas.

“El THC enciende el interruptor que empuja a algunas células cancerosas a iniciar un programa de suicidio”, informaron los investigadores en  Journal of Clinical Investigation hace un año. Anteriores trabajos del equipo evidenciaron que el THC  sabotea igualmente el proceso por el cual un tumor forma rápidamente una red de vasos sanguíneos para nutrirse, y también evita la creación de células cancerosas a su alrededor.

El THC logra este efecto mediante su unión a receptores de  proteínas en la superficie de las células cancerosas. Una vez conectado a la célula, el THC induce a la célula a fabricar una sustancia grasa llamada ceramida, lo que empuja  a la célula a comenzar el proceso de auto-destrucción.  Y lo que resulta aún más importante, las células no cancerosas no generan ceramida cuando entran en contacto con el THC. En otras palabras, las células sanas no mueren.

Sin embargo, numerosos estudios que han demostrado ser eficaces  a la hora de acabar con un cáncer en un laboratorio, han resultado inútiles para ser llevados a la practica debido a sus efectos secundarios o a que simplemente no funcionan en personas. El equipo de Madrid está buscando financiación para comprobar si los derivados del cannabis pueden matar tumores en pacientes reales, y los estudios previos invitan al optimismo. En un ensayo inicial en nueve pacientes de tumores cerebrales, cuya enfermedad había empeorado a pesar del tratamiento estándar, los científicos encontraron que las inyecciones de THC en los tumores mejoraban el estado de los pacientes.

Los primeros informes de otros grupos de investigación sugieren, igualmente, que el THC también combate el cáncer de mama y la leucemia.“Creo que la investigación del cannabis como arma contra el cáncer es muy prometedora”, dice Russo. “Hasta ahora, el modelo para luchar contra el cáncer era utilizar un agente extremadamente tóxico. Con los cannabinoides, tenemos la oportunidad de utilizar agentes que son selectivamente tóxicos y sólo afectan a las células cancerosas.”

Pruebas con cannabis y sus derivados también ha comenzado a desarrollarse como tratamientos para diferentes enfermedades como la diabetes de tipo 1, la artritis reumatoide, el derrame cerebral, el síndrome de Tourette, la epilepsia, la depresión, el trastorno bipolar y la esquizofrenia. Pertwee es especialmente optimista acerca de que el cannabis ayudará  personas con trastorno de estrés post-traumático. “Experimentos en ratas muestran que el THC  acelera el ritmo al que los animales olvidan las experiencias desagradables”, dice. Y un estudio reciente realizado en personas con TEPT mostró que las cápsulas de THC mejoran el sueño y disminuyen las pesadillas.

A pesar de estos inicios prometedores, el cannabis medicinal aún se enfrenta a un largo y tortuoso camino. Aunque algunos estados han aprobado su uso, ninguna sustancia fumada nunca ha sido formalmente aprobado como medicamento por las agencias reguladoras de EE.UU. Fumar cannabis puede provocar bronquitis y tos crónica.

Las pastillas de THC no tienen estos inconvenientes, pero han recibido una tibia aceptación.  Las cápsulas pueden producir mareos y trastornos ópticos.

Ensayos aleatorios controlados que traten de aclarar si el cannabis fumado cumple con su promesa médica  han sido difíciles de conseguir. Pero recientemente, científicos de California han concluido de modo satisfactorio varios estudios en los que se  suministraba cigarrillos de cannabis  y otros a los que se les habían eliminado los componentes cannabinoides.  Los investigadores asignaron aleatoriamente 27 pacientes con SIDA a los que se les suministro cigarrillos de marihuana y 28 a los que se les facilitó un placebo. Todos los pacientes tenían dolor neuropático, en el que las neuronas pueden reaccionar de forma exagerada a los estímulos, incluso los leves. Alrededor de la mitad de las personas que utilizaron cannabis real experimentaron una reducción del dolor del 30 por ciento o más, sobre un punto de referencia estándar en la medición del dolor. Sólo una cuarta parte de los voluntarios que recibieron el placebo informaron de una reducción del dolor.

“Eso es un resultado mejor que el que otro tipo de drogas puede lograr”, manifestó Igor Grant, neuropsiquiatra de la Universidad de California en San Diego, que fue uno de los científicos que supervisaron las pruebas.

Aunque estos estudios proporcionan una evidencia real de que fumar marihuana tiene beneficios médicos, los futuros ensayos son más propensos a explorar los beneficios de los derivados del cannabis no fumado.

En última instancia, el destino de cannabis medicinal y sus derivados se apoyará sobre la misma marca de logros o fracasos; requisitos que todos los medicamentos experimentales deben superar: si cura una enfermedad o alivia sus síntomas, y si es tolerable.

“Tenemos que tener cuidado de que la marihuana no sea vista como una panacea para todo el mundo”, dice Grant.

Cuando la mayoría de la gente piensa en cannabis medicinal, la idea de fumar viene a la mente inmediatamente. Aunque fumar cannabis funciona de forma rápida y permite a los usuarios regular su consumo, es apenas un enfoque científico: la calidad des cannabis a menudo se desconoce, y la inhalación de materiales quemados es malo para los pulmones. Estos y otros inconvenientes han generado nuevas formas de consumir marihuana medicinal.

Algunas personas inhalan el cannabis mediante un dispositivo que calienta la planta sin encender la misma. Esta vaporización desencadena muchos de los mismos compuestos cannabinoides que se producen al fumar, pero sin la combustión de los subproductos. Anecdóticamente, los pacientes que utilizan este método aseguran que sus efectos son tan inmediatos como el consumo en modo de cigarrillos.

Debido a que los derivados del cannabis pueden pasar a través del revestimiento de la boca y la garganta, GW Pharmaceuticals ha desarrollado un producto llamado Sativex que se vende en aerosol. Este medicamento contiene cantidades aproximadamente iguales de los dos cannabinoides clave (THC y CBD) que otros tipos de medicamentos. El Sativex se pulveriza bajo la lengua; no haciendo necesario fumar.

Frente a estas opciones, la píldora parece casi pasada de moda. Sin embargo, cápsulas de THC sintético siguen existiendo en el mercado. Un medicamento llamado Marinol fue aprobado en los Estados Unidos en 1985, y otro llamado Cesamet lo fue recientemente. Los médicos pueden prescribir los medicamentos como tratamientos para las náuseas, vómitos, pérdida del apetito y pérdida de peso. Aunque las ventas de las cápsulas se han incrementado recientemente, muchos usuarios se quejan de los efectos secundarios psicoactivos y de su lenta  acción.

Autor: Nathan Seppa.

Enlace original: Not just a high.

Para saber más: Marihuana terapéutica en España. Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides.

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Un pensamiento en “Marihuana terapéutica: Más que un colocón

  1. Hablar de la María y de sus efectos terapéuticos es una forma muy rentable de ganar adeptos o retractores para alguna causa. Yo creo que se habla demasiado, sin saber y, sobre todo, rápido, porque tienen que estudiar mucho lo que puede hacer por nosotros esta planta, Ni es la panacea ni mucho menos es la planta del diablo.

    Esperaremos, sin mas

    Besicos

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